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El comandante de la Marina Real Harry L. Ross zarpa con el HMS Serpent del puerto de Plymouth el sábado 8 de noviembre de 1890. Su destino es bordear el Cabo de Buena Esperanza y enlazar con la Estación de la Costa Oeste Africana en las islas de Madeira y Acra (Sierra Leona). El buque se hunde frente a la costa gallega el día 10 de noviembre de 1890, causando 172 víctimas.

El domingo 9 de noviembre, el Serpent es zarandeado por una marejada tan fuerte que la tripulación piensa que el capitán ordenará el regreso al puerto de partida. Durante varias horas, el barco se mantiene al pairo hasta que amaina la tormenta. Sin embargo, el teniente Richards no es capaz de avistar el sol para situar con precisión al buque en las cartas náuticas. A la mañana del día 10, el capitán Ross discutió largamente con su Oficial de Derrota acerca de la posición y rumbo del barco ya que, pese a que el tiempo no ayudaba, se había avistado una costa a babor.

No había niebla, la llovizna y las nubes reducían la visibilidad, y los barcos que cruzaron su rumbo con el suyo, no advirtieron nada extraño en su modo de navegar. Esa tarde, el marinero Onesipherous Oney Luxton hace la guardia de primer cuartillo, con órdenes expresas del capitán de mantener rumbo suroeste-medio sur. Son los marineros Frederick Joseph Gould y Benjamin Burton los encargados de las sondas, pero el capitán no les ordena medir la profundidad del fondo. A las ocho, Gould y Burton suben a cubierta a hacer la guardia hasta las 24, cuyo oficial será Richards. Sin embargo, el Comandante permanecerá en el puente, redoblando la vigilancia.

A las 21, los mandos vuelven a discutir sobre la posición del buque, ordenando un cambio de rumbo al oeste y pidiendo el Comandante que el vigía buscase la luz del faro del cabo Villano por la banda de babor. Pero la noche era cerrada y el vigía de babor ni siquiera oyó las rompientes. A las diez y media de la noche, Gould y Burton descansan en cubierta con el chaleco salvavidas puesto. Dichas prendas no eran de uso general en la Marina de la época, contando el Serpent con nada más que 25 chalecos para 175 hombres. Al saber la Armada que los únicos supervivientes del Serpent lo llevaban, se generalizó su uso en el resto de los buques.

Cuando el casco del Serpent cruje encajándose contra la Punta del Buey a unos nueve nudos por hora, la mayoría de la tripulación lo confunde con un simple golpe de mar, hasta que alguien grita que han embarrancado. El comandante ordena cerrar las puertas estancas y librar los botes, orden que transmite el Teniente Richards. Luxon se ha despertado en su coy, y el instinto le hace coger uno de los chalecos cuando corre hacia cubierta. Es entonces cuando el Comandante ordena a las máquinas atrás toda, cosa que resulta imposible. Gould es el patrón del bote de babor y la mar lo hace astillas, tragándose a los ocho marineros del bote, excepto Gould que queda aferrado al costado del buque. Un golpe de mar arroja a Luxon al agua, separándolo del buque. Burton ha recibido la orden de soltar todo aquello que pueda flotar para ayudar a los supervivientes, pero el otro bote se hace añicos contra las rocas y el Comandante desiste de intentarlo de nuevo, ordenando a la marinería trepar a los mástiles para salvar la vida. Una ola separa a Burton de sus compañeros cuando se encuentra sujeto a las jarcias. El mar vuelve a arrojarle sobre la cubierta del barco, momento que el marinero aprovecha paar desembarazarse de todo lo que le pueda impedir nadar. Cuando cae nuevamente al agua, sólo viste un jersey y el chaleco.

Dos horas después, el agotado Burton logra alcanzar la costa. Camina entre los cadáveres y los cuerpos agonizantes de sus compañeros hasta que encuentra a Luxon malherido: las rocas han destrozado su pierna derecha. Apoyándose el uno en el otro, los supervivientes caminan hacia una casa que divisan en la costa. Tras ayudarles a reponer fuerzas, los habitantes acompañan a los marineros a la casa del párroco de Xaviña, que los acoge. Gould, el tercer superviviente, ha ganado la costa solo y solo lo encuentran el alcalde de Camariñas y su ayudante de marina.

Desde el martes 11 se comenzó el rescate de los cuerpos del Serpent. Dada la proximidad a la costa del punto del naufragio, la mar estuvo muchos días arrojando cadáveres mutilados a la costa, que fueron enterrados a pie de playa, quedando las 172 víctimas enterradas en el Cementerio de los Ingleses, que fue consagrado el 23 de noviembre.

La Corte Marcial, celebrada el 16 de diciembre de 1890 concluyó que la pérdida del Serpent se debió a un error de navegación.

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